Próximamente nos visitará el doctor Frank Kinslow, un famoso quiropráctico, que cura... agárrese el lector... no, más fuerte, agárrese más fuerte: por entrenamiento cuántico. ¿Qué tiene que ver aquí el principio de Heisenberg, los estados entrelazados, los qubits, el efecto túnel y otras sutilezas de la física cuántica? Nada, evidentemente. Pero el doctor Frank Kinslow no viene a hablar de física cuántica y de sus aplicaciones médicas, sino a llenarse el bolsillo.

En su página web, estos señores sin escrúpulos dicen, tan tranquilos que:

El proceso de Quantum Entrainment (QE™) demuestra el poder de la conciencia pura y nos enseña cómo abrir la mente para crear una curación instantánea en cualquier momento y lugar, a cualquier persona o cosa. Un método de Resonancia Cuántica ameno, agradable y mucho más fácil de lo que imaginas.

Pero ¿qué es la resonancia cuántica? ¿Por qué va con mayúscula? Y encima tiene la desfachatez de poner marca registrada. Pero sobre todo ¿qué significado con respaldo real hay detrás de esa serie de símbolos que tenga consecuencias ciertas en la curación de enfermedades? Y si tal respaldo no existe, ¿por qué se permite esta estafa?

No contento con el párrafo de arriba, sin duda asombroso, pues la conciencia pura siempre asombra, leemos que:

Aparentemente todo será igual que antes, sin embargo te notarás más afectuoso y animoso. Tus amistades notarán que has cambiado, que estás más presente y eres más generoso. Por tu parte, harás frente a los problemas con una aceptación interior que te permitirá fluir con facilidad desde dentro hacia fuera, sin hallar resistencia. La paz interior será la regla, en lugar de una excepción deseada y raramente experimentada.
Sin embargo, ese bienestar, siempre ha estado en tu interior, esperando pacientemente a ser reconocido.

Se tiene la falsa sensación, producto en parte de los avances tecnológicos, de que el sentido crítico avanza. Y es lo contrario. Puede que toda esa tecnología, hiperconectividad, digitalización no esconda sino un embrutecimiento menos burdo que el fútbol y el alcohol, pero embrutecimiento, al fin y al cabo. Si la solución a los problemas del hombre contemporáneo pasa por el entrenamiento cuántico, ¿qué nos queda?

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