Llevé el artículo IES Gran Capitán, ¿segundo mejor instituto de Madrid? al Director del instituto, Don Carlos Herrán Martínez, quien tuvo la amabilidad de leerlo, debatirlo y escribir una respuesta a las críticas vertidas mi escrito. Le estoy agradecido por la valentía intelectual de debatir el contenido del artículo conmigo y, en especial, por las buenas formas, algo que no se encuentra con frecuencia hoy en día. Su respuesta está a continuación.

 


RESPUESTA DEL DIRECTOR:

El escrito publicado por D. Francisco Gómez Martín, padre de un alumno del Centro, sobre el IES Gran Capitán, como director del Centro y respetando la libertad de opinión me parece totalmente desafortunado en su contenido, carente de rigor en sus argumentaciones y claramente ofensivo para el conjunto de los profesores del Centro.

Comenzando por el final, en el escrito del Sr. Gómez sobre el IES Gran Capitán se concluye que el IES Gran Capitán no es un buen instituto y pienso que esta conclusión no se realiza a posteriori como resultado de las argumentaciones y “pruebas” que maneja el Sr.Gómez a lo largo de su escrito, sino que estas han sido elegidas y mal utilizadas para fundamentar su opinión.

En su escrito el Sr. Gómez expone cuáles son sus criterios que hacen merecedor de la calificación de “bueno” a un Centro educativo; nada que objetar, es su opinión. Las contrasta con los objetivos que recoge el Proyecto Educativo del IES Gran Capitán, y ahí parece coincidir en que no hay nada contradictorio, pero a continuación se tratan una serie de temas, que supongo son fruto de su experiencia personal, en el que la característica común es la elevación de la anécdota a la naturaleza de categoría situando fuera de contexto los enunciados que utiliza el Sr. Gómez, aunque eso sí, en toda su argumentación está subyacente que su criterio didáctico, metodológico, evaluador, etc.. es EL Criterio. Veámoslo a continuación.

Bajo el epígrafe de “Dureza innecesaria” acoge la crítica a unos profesores porque mandan muchos “deberes”, a que supuestamente no existe coordinación entre departamentos, a que un alumno tenga 2 exámenes en una semana, a que supuestamente se trata duro a los “buenos” estudiantes y se premia a los “malos” al final de curso (sobre esto se insiste más adelante), eleva a norma general e institucional expresiones coloquiales e inadecuadas de algunos profesores, etc.. y finaliza con ejemplos de exámenes que se han puesto en diferentes grupos de ESO, no aclarando el nivel ni el curso. Veamos estos ejemplos:

  1. Le parece mal que en 4ºESO se den los logaritmos de dos números y se solicite el logaritmo de múltiplos de ambos. Demasiado fácil para el Sr. Gómez.
  2. Le parece mal (también demasiado fácil) que en un examen final de matemáticas la profesora comente a los alumnos los contenidos sobre los que versará el examen. Califica a estos exámenes de farsa, y de que los “buenos” alumnos están asqueados (supongo que será de que aprueben alguno de sus compañeros), y además, afirma, existen alumnos especuladores, que esperan las convocatorias extraordinarias para aprobar. Todo esto obviamente es una opinión del Sr. Gómez.
  3. Juzga como inadecuados los epígrafes de exámenes-test de Tecnología por utilizar un ítem jocoso junto a otros dos con fundamento, aunque este detalle lo oculta, cuando en su Blog personal (“Mis principios pedagógicos”) afirma que le gusta poner “enunciados extravagantes” en sus exámenes; me atrevo a afirmar que la discrepancia está en el chiste, no en su utilización.
  4. Discrepa con la escala evaluadora de un examen de formulación, no le gusta porque la calificación no es proporcional al número de respuestas correctas, que es lo que el Sr. Gómez opina que debería ser; en la escala utilizada, sobre 20 fórmulas, a partir del quinto fallo el examen estaría suspenso, o sea, se admite hasta un 20% de fallos.¿Donde está lo metodológicamente incorrecto?, ¿desde cuándo los exámenes de formulación, o de conducir, o del MIR, o tantos otros son proporcionales al número de aciertos, y no existe un límite permitido de fallos que es inferior a la mitad del número máximo de contestaciones correctas?. Que al Sr. Gómez no le guste, no invalida la prueba y su corrección evaluadora de los conocimientos de los alumnos, y desde luego la profesora no tiene obligación alguna de debatir la escala del examen con los padres de sus alumnos.

Concluye su apartado, afirmando que todos estos ejemplos prueban la “dureza innecesaria” en las “notas de nuestros hijos”(sic).

Seguidamente el Sr. Gómez aborda “el nivel del Instituto”, y expone sus principales quejas acerca del supuesto buen nivel del Instituto, concretamente en el nivel de inglés (afirma que no se distingue de cualquier otro Instituto) pero deja caer que la profesora de su hijo no sabe el idioma según le ha informado éste; que en las asignaturas mixtas, como por ejemplo la física y la química, no se dan al 50%, lo cual es cierto y muy difícil
de enmendar por las características de estas materias; que los profesores aceptan trabajos que son copias directas desde webs de internet o que no dan importancia a la presentación, o que no se fomenta otras competencias en los alumnos diferentes de la adquisición de conocimientos, afirmación que no fundamenta, pero que le sirve para concluir que en el IES Gran Capitán no se vela por el desarrollo integral de los
alumnos. Recordemos que toda esta argumentación era para hablar rotundamente del “nivel del Instituto”. Una vez más la anécdota elevada a categoría.

Todo lo anteriormente relatado va a confluir en un penúltimo apartado denominado pomposamente “Las consecuencias”, que en un primer nivel se resumen en que el proceso de evaluación de los alumnos del Instituto está amañado, es un montaje en el que se levanta la mano al final, para conseguir prácticamente al aprobado general. Para esto se utilizan torticeramente las estadísticas comparativas de los resultados de las
sucesivas evaluaciones en cada curso, y aunque se comete algún error de bulto al transcribir los resultados, el Sr. Gómez no tiene en cuenta que el proceso de evaluación es continuo, y que obviamente a lo largo del proceso parece evidente que deben irse sumando más alumnos a los que resultan aptos, y simplemente constatando que el número de los que van aprobando todas las materias más los que suspenden 1 ó 2 materias (y hasta 3) coincide más o menos con el número de los alumnos que finalmente aprueban todas, se constata la ausencia de cualquier anomalía en el proceso. Parece que el Sr. Gómez lamenta que los alumnos tengan oportunidades de mejorar, y que los resultados de la primera evaluación no fueran prácticamente idénticos a los de la evaluación final; ignoro si a esa política el Sr. Gómez la denominaría “dureza necesaria”, y pese a que demuestra (¿?) que aprobamos demasiado, sigue insistiendo en que somos muy duros, aunque eso sí, desconoce cuál es el objeto de esta dureza.

En un segundo nivel del apartado “Las Consecuencias”, el Sr. Gómez introduce una afirmación que una vez más eleva a categoría: la enseñanza en el Instituto solamente está centrada en la consecución de resultados con un rigor innecesario, sin fomentar la autoestima o la creatividad o la conciencia crítica, y deja caer una afirmación con cierto patetismo “No sabemos qué ocurre a quienes se la rompen (su autoestima)”.

Ya para finalizar, antes de enunciar la conclusión ya conocida de antemano, el Sr. Gómez escribe un párrafo que me parece antológico:


En fin, tras todo lo expuesto, es claro que la dureza innecesaria mina la autoestima y el sentido de la justicia de nuestros alumnos, en particular, claro es, de los buenos. Los malos estudiantes,
los especuladores de la nota, los vomitadores de contenidos penosamente regurgitados la noche antes, esos no tienen tantos problemas. (sic)

El Sr. Gómez no aclara que es lo que entiende por buenos y malos estudiantes, pero yo desde luego, si compartiese plenamente las afirmaciones que realiza a lo largo del
escrito, y tuviera a mi hijo matriculado en ese Centro, actuaría en consecuencia.

Los hechos sin embargo desmienten al Sr. Gómez. Ciertamente en el IES Gran Capitán hay muchas cosas y elementos que mejorar, en un contexto administrativo y funcionarial que no es el más adecuado para resolver rápidamente ciertos problemas, pero todos los profesores realizan su trabajo lo mejor que pueden y saben, y claro que habrá unos más “creativos” que otros, y sin dejar de cumplir sus obligaciones obviamente pueden equivocarse en el cumplimiento de su tarea, pero existen mecanismos de corrección que están al alcance de los alumnos y sus padres, pero que no deben confundirse con el dictado por éstos de las normas metodológicas y evaluadoras a los profesores, que para velar por ello está el equipo Directivo y el Servicio de Inspección.

Para finalizar este escrito, se insiste que los “buenos” alumnos se van a otros Centros, y ciertamente al finalizar 4ºESO y 1ºBTO hay un ir y venir de alumnos, insisto ir y venir, lo que es lógico porque cada uno de ellos y su familia debe buscar el Centro que más le interese por el motivo que sea, y sin duda desgraciadamente habrá alumnos que al finalizar una etapa o un curso se sientan defraudados (y sus familias) en sus expectativas personales, pero por ahora los números de los procesos de admisión de nuevos alumnos – que cuando lo solicitan no desconocen las características del Centro – y las cifras de la “fidelización” de nuestros alumnos desde 1ºESO hasta 4ªESO, y desde 4ºESO hasta 2ºBTO desmienten que esta situación – tanto la pérdida de autoestima como la “huida” hacia otros Centros - se produzca masivamente, y ni siquiera entre los“buenos” alumnos.

Es una norma del Equipo Directivo, y del abajo firmante en particular, no mirar hacia otro lado cuando se recibe una crítica de nuestra labor o de cualquiera de los profesores que forman el Claustro del Centro. Si se recibe oralmente se le transmite al afectado de la misma forma, y si es por escrito se pone en conocimiento del mismo el documento crítico con su actuación para que presente sus alegaciones, porque en última instancia cada uno debemos ser responsables de nuestro trabajo en primera instancia, y no hay apriorismos que valgan, aquí “la profesionalidad se le presume” no sirve de escudo para nadie porque todos los profesores estamos en activo, y debemos ser conscientes que estamos en el punto de mira de nuestros alumnos y sus familias, cuyos derechos deben ser respetados.

Sin embargo, la actuación de D. Francisco Gómez nos parece improcedente, no por hacer públicas sus críticas al IES Gran Capitán antes de ser conocidas por los afectados, sino, tal como se ha mostrado en este escrito, por el tenor de las mismas, por su carencia de una fundamentación rigurosa en hechos y cifras, pasando de lo particular, por inadecuado que sea, a lo general, todo ello para enunciar una conclusión que de antemano tenía ya escrita.

 

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