GÓRECKI, EL COMPOSITOR DE LA ESPIRITUALIDAD

El viernes 12 de noviembre murió Henryk Górecki, a la edad de 76 años, compositor polaco de enorme influencia en la música del siglo XX. El serialismo de posguerra ejerció una enorme presión en las nuevas generaciones de compositores. Emergía un fiero proselitismo por la música tímbricamente compleja, cerebral, contundentemente atonal, aperiódica, fragmentaria, con un fuerte rechazo a la forma; Pierre Boulez encabezó ese proselitismo a través de sus críticas feroces. Al cabo de cierto tiempo, como es natural, como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, hubo reacciones ante ese serialismo. Unas vinieron del minimalismo de Reich, Glass y otros, así como del indeterminismo de Cage. En Europa, Xenakis criticó el serialismo y propuso la superación del tonalismo vía la incorporación de ideas matemáticas a la composición musical. Messian, sin entrar en la controversia, la cual le desagradaba bastante, creó su propio lenguaje musical alejado del serialismo. En Europa del Este varios compositores empezaron abrazando el serialismo para poco a poco, según su personalidad musical se consolidaba, alejarse en pos de un camino muy personal la mayor parte de las veces. A este grupo de compositores pertenece Górecki y otros como Ärvo Part o John Tavener.

Górecki fue un compositor polaco que nació en 1933. En su familia no había tradición musical aparente; de hecho, le desanimaron a que siguiese la carrera musical, a pesar de mostrar un enorme talento musical desde temprana edad. Estudió clarinete, piano, violín y teoría musical en la Escuela Estatal de Música de Rybnik. Posteriormente, estudió en la Academia de Música de Katowice, donde se graduó con excelentes notas. En 1975 consiguió un puesto de profesor de composición en la Escuela Estatal de Música de Katowice. Pronto empiezan sus conflictos con las autoridades comunistas, a quienes reprocha su excesivo entrometimiento en las actividades académicas. Górecki tuvo toda su vida un concepto muy claro de la separación que debía haber entre universidad y estado. Dado que vivió en un país comunista con un régimen prosoviético, esta actitud le granjeó antipatías. Varias de sus obras tienen fuertes intenciones políticas, como el Miserere que compuso para rememorar la violenta represión policial de una manifestación del sindicato Solidaridad. Otro aspecto relevante de la música de Górecki es su religiosidad. Católico ferviente, muchas de sus obras tienen motivaciones religiosas.

Las primeras obras de Górecki, como hemos dicho, abrazan el modernismo postserialista. En dichas obras se puede observar la influencia de Bartók y Szymanowski. En años posteriores, sobre todo con su sinfonía nº 1, se hace patente la asimilación de la estética de Webern, Xenakis y Boulez. Con estas obras se gana el respeto de la crítica musical polaca y se le aclama como el heredero de la vanguardia musical en Polonia. Durante unos años se concentra en la enseñanza de la composición. Su contundencia en el trato -que a veces llega a calificarse como rudeza- se hace legendaria.

A finales de los años 70 se produce en Górecki un cambio de estilo. Es para mí la parte más interesante de su obra. Abandona la crudeza de sus primeras obras modernistas y evoluciona hacia una suerte de música personal, en la que el lenguaje armónico, melódico y rítmico se simplifican. Esta evolución de su estilo no debe concebirse como un regreso imitativo de la música del siglo XIX. Cierto que su música adoptó un lirismo y una concentración interior que puede recordar al Romanticismo, pero Górecki le imprimió un aliento único, peculiar, irrepetible a sus obras; y aún más, siguió innovando el lenguaje musical en muchos aspectos. Todo ello destierra la acusación de compositor "romántico", anclado en el pasado, y lo sitúa en la categoría de compositores de personalidad única. Górecki rechaza en su nuevo lenguaje musical la disonancia por sí misma, la excesiva complejidad, la independencia del sonido en sí mismo y presta atención al motivo musical como célula estructural de la música, a la repetición rítmica como elemento cohesivo de la obra. También muestra preferencia por los movimientos lentos, las armonías sostenidas y los colores orquestales oscuros. Este giro hacia este tipo de música más tradicional le valió a Górecki el rechazo de la vanguardia musical de su país. Dejó de recibir encargos y al cabo de un tiempo pasó a ser considerado como un compositor que se había equivocado de camino.

A finales de los 80 su música volvió a considerarse valiosa. Empezó varias colaboraciones con el cuarteto Kronos, que le encargó varias obras. Lo más sorprendente, empero, vino en 1992. Su tercera sinfonía se había estrenado en 1977 y había pasado más o menos inadvertida, salvo a un puñado de entusiastas (entre los que me cuento). En ese año, en 1992, se volvió a publicar en una recopilación del sello Elektra-Nonesuch de las obras más populares en las listas de éxitos de música clásica. De alguna manera, saltó a las listas de súperventas y vendió más de un millón de ejemplares. La sinfonía se hizo mundialmente famosa. A pesar de ello, el resto de la obra de Górecki siguió siendo desconocida, incluso la de su último periodo.

La tercera sinfonía, llamada la Sinfonía de los lamentos (Symphony of Sorrowful Songs), está instrumentada para orquesta y soprano solo, con una gran predominancia de las cuerdas. La disposición de las cuerdas es bastante precisa y tiene una separación en partes de una gran originalidad. Esta sinfonía está construida con armonías simples, y usa un sistema de modos medievales, pero sin seguir rigurosamente las reglas de composición medievales. La obra tiene un carácter monumental, acumulativo, que apela al sentido del éxtasis del oyente. Su expresividad es desbordante y se oye como una larga meditación, como una intensa rememoración. Rompiendo con la habitual tradición de movimientos rápidos y lentos, esta sinfonía solo está formada por movimientos lentos.

La sinfonía está articulada en tres movimientos. El texto para el primer movimiento está tomado de una elegía del siglo XV. Górecki llevó a cabo un gran trabajo de investigación musicológica para encontrar inspiración musical y textual para su sinfonía. Para el segundo movimiento Górecki usó una invocación a la Virgen María que una prisionera de 18 años escribió en la pared de una cárcel de la Gestapo poco antes de morir. Para el tercer movimiento, Górecki toma un canto folklórico de la región de Silesia; este canto describe el dolor de una madre buscando a su hijo muerto durante las revueltas de Silesia contra los alemanes.

Dejo aquí unos cuantos vídeos para que se aprecie la belleza de esta tercera sinfonía (movimientos primero, segundo y tercero, respectivamente).

Se nos ha ido un gran maestro de la música, una persona sensible, que con su música nos hizo entender las grandes pasiones humanas.